miércoles, 4 de enero de 2012

2011

Dos mil once ha sido un año lleno de altibajos, pero que desde mi punto de vista, para nada han opacado a las buenos momentos y experiencias. Éste me ha servido para encontrar mi verdadero yo, ese que muchas veces he escondido por el miedo al que dirán, pero ahora esta mas presente que nunca y ha venido para quedarse. Ha supuesto una liberación de cargas que yo mismo me imponía y que me impedían ser feliz tal y como soy. Aceptación, quizás es eso lo que me faltaba tenía que aceptarme y no ser lo que las demás personas me hacían que fuese, una de las lecciones que he aprendido mas importantes

En este año ha habido personas que han entrado, salido e incluso vuelto en mi vida, pero muy pocas que me hayan llegado tanto al corazón como ellos: mis amigos. Para mí, incondicionales y especiales, las únicas personas después de mis padres, mirándome a los ojos fijamente saben como me encuentro y lo que me ocurre, portadores de buenas consejos y malas palabras si son necesarias. Y por último pero no menos importante la familia: mi pilar fundamental en la vida, el que me mantiene a flote y sabe aguantar mis tonterías  el que sin duda alguna mira por mi bienestar y por el qué será de mi vida.

Dos mil once me ha aportado la seguridad de la que carecía, ha hecho que borre de mi mente cualquier limitación o imposible que imaginase, aparte de darme ese impulso que me hacia falta para comerme el mundo. Para el nuevo año que viene, solo pido que la vida nos siga sonriendo por mucho tiempo y que la suerte nos visite de vez en cuando aunque sea


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