Precisamente eso es lo que yo quiero, dejar estas cuatro paredes que lo mismo que acogen pueden llegar a axfisiar, olvidarme de como era donde vivía, de sus recobecos, de sus enigmas, para luego redescubrirlos con mas ganas y esmero. Desempolvar esa sensación de alivio al abrir esa puerta, en la que justo detrás me esperan mis seres queridos y ni siquiera plantearme lo que diariamente día a día, me planteo: ¿qué nueva batalla será hoy?
La convivencia la desgasta la monotonía, el no hacer mas nada que lo que siempre hemos hecho, y como todo problema tiene sus consecuencias acarreando discusiones en las que los motivantes suelen ser pequeñas cosas que en frío no valoramos tanto. Nos acarrea un carácter tosco y agrío que acaba obligándonos a ser bordes e incluso, si me apuras, indiferentes los unos con los otros.
Pero no quiero otorgarle todo el peso a la convivencia, también le quiero reconocer gran parte de culpa a la situación actual que esta viviendo no solo el país, sino toda la sociedad, ya que nos trata como títeres y no podemos hacer nada mas que agudizar nuestro ingenio para poder sobrevivir. Ya ni siquiera vivir, sobrevivir. Solo queda resignarse y ser fuerte.
Al menos, me consuela que un cambio de aires me hará olvidar todo este panorama pero me encoge el corazón pensar en que ellos seguirán siendo presos de su propia cárcel.
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