Después del patinazo de ayer las cosas solo podían ir a mejor. (Ya le sorprendía a mi familia que estuviese tan tranquilo y es que me pensaba que mi vuelo dirección a Stuttgart salía pasado mañana). Despistes a parte, este día ha sido uno de los más intensos y emotivos de mi vida y a continuación os desarrollo el porqué:
1º El gran cambio que he decido dar a mi vida, es decir, el salir de lo que todo el mundo llama "zona de confort" y buscarme las habichuelas. Me hartaba el pensar que había cumplido 20 años y no había hecho prácticamente nada de lo que a mí me apetecía/deseaba hacer: viajar, conocer nueva gente, ciertas locuras... Me estaba ajustando a un modelo de vida que no es, ni será nunca el mío.
2º Mi familia, que aunque se ha mostrado reticente en la mayoría del proceso, no ha dudado en ningún momento en apoyarme y darme las fuerzas necesarias para emprender este proyecto, porque así afronto yo mi programa Erasmus, como un camino más hacia la madurez y la profesionalidad. Me guardo vuestro abrazo hasta diciembre :)
3º Y por último, mis amigos. Ellos siempre saben dónde dar para sacar lo mejor de mí y veían que esta era una oportunidad que no podía dejar escapar. ¡Fuera miedos y fuera penas hemos venido a disfrutar!
Para quitarle hierro al asunto, os dejo la anécdota más curiosa del día: "la niña fantasma". Iba yo con mis maletas rumbo a mi habitación de la residencia cuando de repente escucho a una chica llorar y pegar golpes a algo como en el fondo del pasillo, inmediatamente suelto las maletas y me asomo al pasillo pero allí no había nada, total que no le volví a dar cuentas hasta que un rato después, cuando estaba con el ordenador escuche el pomo de una habitación abrirse. Claro, mi reacción fue salir para ver quién era pero otra vez no había nadie. Tras dar una vuelta por Stuttgart, nada más abrir la puerta de mi residencia me encuentro a una chica con su novio, al parecer llevaba aquí desde el lunes y yo, al igual que ella, no conocía de su existencia.