jueves, 29 de diciembre de 2016

2016 (II)

Justo ayer me terminé un ensayo científico que encontré por Internet. Se llama Instrucciones para destruir el mundo y esta escrito por Tyler Faraday, un artista malagueño que suele tocar en mi sala de conciertos favorita. Siempre me habían hablado muy bien de él y, en cierto modo, esas 88 páginas me acercaban a su forma de pensar y crear.

Cuál fue mi sorpresa cuando tras terminarlo, sentí esa sensación que se nos queda en el cuerpo cuando acabamos algo grande e imponente. Sus directrices para desintegrar nuestro planeta me llevaron a recapacitar sobre un montón de cosas. Entre ellas, yo mismo.

Durante todo este año había sido un desagradecido por solo conformarme con lo banal. Este sistema en el que nos encontramos sumergidos me había transformado en una copia más. Una persona que únicamente quiere dinero y cierta estabilidad a cambio de renunciar a lo que quiere, a lo que le apetece o a lo que realmente es. Me había perdido y gracias a esa maravillosa coincidencia me había dado cuenta.

Nunca más voy a dejar que mi voz se anule, que mis demonios le ganen la batalla a mis sueños o que mi tiempo sea visto como una carga. Voy a mantenerme firme en mis convicciones, en mi esencia. 2016 no habrá sido el mejor de mis años pero sí el que más me ha hecho crecer. Es tiempo de luchar y quemar todas mis mochilas emocionales. Toca celebrar que estoy vivo un año más.

Riendo, saltando, bailando.




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