lunes, 16 de enero de 2017

XXIII

Entro a mis veintitrés rosas con una pierna escayolada y un corazón lleno de parches.

Encamado y con mi mente volando a lugares muy lejanos.

Hoy es día de cosecha, de ver si el amor que doy es también el que recibo.

No soy egoísta, regalo perdones y finales abiertos para aquellos que me lo pidan.

Sé que la mitad de mis mensajes serán condolencias, postales cargadas de recelo y sonrisas enlatadas.

Soy comprensible, no me las envies.

Dedícale la caridad a quien la necesite y vive tu historia.

Entro a mis veintitrés espinas cogiendo impulso y sin respirar.

Reafirmado y con mis cicatrices bien cerradas para todo aquel que quiera entrar.




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