Entro a mis veintitrés rosas con una pierna escayolada y un corazón lleno de parches.
Encamado y con mi mente volando a lugares muy lejanos.
Hoy es día de cosecha, de ver si el amor que doy es también el que recibo.
No soy egoísta, regalo perdones y finales abiertos para aquellos que me lo pidan.
Sé que la mitad de mis mensajes serán condolencias, postales cargadas de recelo y sonrisas enlatadas.
Soy comprensible, no me las envies.
Dedícale la caridad a quien la necesite y vive tu historia.
Entro a mis veintitrés espinas cogiendo impulso y sin respirar.
Reafirmado y con mis cicatrices bien cerradas para todo aquel que quiera entrar.

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