martes, 31 de enero de 2017

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El otro día, sin venir a cuento, me imagine como sería la vida sin mi madre. Por unos segundos, me vi con unos treinta años más y vislumbre cual sería el futuro de mi familia. Ante mí, tenía a un padre menguado, devastado y cabizbajo. A mi derecha, a un "chico" hecho todo un hombre. Entero, solemne y con un silencio que gritaba a los cuatro vientos.

No me imagino una vida sin ella, no me imagino funcionando sin su empuje. Ella lo es todo y de tanto que nos ha dado, nos ha regalado hasta su vida. Inteligente, valiente y cariñosa se quedan en poco para describir a la que siempre va a ser "la mujer de mi vida".

Sé, de sobra, que leerás esto y me dirás que es ley de vida. No quiero creerlo. Prefiero imaginarte siempre como una dama de hierro, como una rosa que nunca se vera marchita.




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