Año tras año, nos encontramos con votaciones distintas que nos hacen reflexionar sobre lo que hemos hecho mal y bien.
España parece hacer caso omiso a todas esas señales y sigue enviando candidaturas poco consolidadas o caducas.
Como eurofan, he aprendido a no llevarme nada de esto a lo personal y a disfrutar de esta fiesta de la música con una sonrisa de oreja a oreja.
He desarrollado mi oído musical y he abierto mi mente a nuevos ritmos, lenguas y sentimientos. A fin de cuentas, eso es Eurovisión: música.
Esta edición ha conseguido que me vuelva a emocionar como un niño pequeño. Ha roto (un poco) mis reticencias con las puntuaciones y el televoto, mostrándome a un ganador justo y de calidad.
¡Qué es lo que tendrá este concurso que nos tiene a todos cautivos de su encanto!
No hay comentarios:
Publicar un comentario