Algunas mañanas, tras haberme tomado el desayuno, me paro enfrente de esas dos grandes piezas de cristal. Y, ¿qué es lo que veo?
Veo a personas. Con sus idas y venidas, con sus prisas y parsimonias. Veo sentimientos divididos entre acera y acera.
Debería observar más. Almacenar en mi memoria todo aquello que me hace feliz y, así, utilizarlo cuando las fuerzas me flaqueen. Cuando piense que el propio color negro es claro para definir como me siento.
Las cosas están mal pero debemos de ser benevolentes con nosotros mismos. Ponernos cada día nuestro impermeable y desechar cualquier mala vibra.
Me es fácil escribirlo pero difícil de aplicar. Serán los prematuros veintitantos que me tienen muy desorientado dentro de mi propio caos.
Es por ello, por lo que escribo. Para canalizar todo lo que me inquieta o perturba. Me he vuelto adicto al efecto placebo de abrirme en canal a todos los que me quieren vivir.
Aunque solo sea un poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario