Me duele este final. Jamás me había imaginado acabar así con una persona con la que he compartido tanto. No puedo evitar sentir un leve cosquilleo cuando te veo o cuando leo algunos de tus posts.
Nos sigue comiendo el orgullo y mira que ya te lo he dejado claro: he escogido la opción de perdonarte aún sabiendo que todavía no lo siento.
Por mucho que lo neguemos, el corazón tiene memoria y este pequeño músculo no se olvida de las tormentas que les has hecho pasar.
Sigues enfrascada en decirle al mundo que eres feliz pero no es así. Yo sé como te sientes realmente y sigues teniéndole miedo a eso de quedarte sola.
Me has roto como a tantos otros y ahora, no puedo verte de otro modo. Intento reconstruirme pero me pierdo en mi esfuerzo. ¿Cómo una persona a la que tanto quiero, me hace tanto daño?
Sigues siendo el verbo en carne viva.

No hay comentarios:
Publicar un comentario