No me gusta el pueblo. Esta cargado de gente sin vida y demasiados problemas del pasado. Por sus calles todavía se pueden oír las risas de unos niños que ya son mayores, que ya han madurado.
Ha sido tanto lo que he sufrido entre estas cuatro casas que me cuesta llamarlo hogar. Pensaba que tenia amigos pero todo se quedaba en sombras. Meras excusas para evitar lo diferente.
Aunque el tiempo ha pasado, sigo sin acostumbrarme. Volver aquí es como viajar en el tiempo. Algo parecido ha sentirse coartado de nuevo. Paredes que escuchan y vecinas con lenguas de fuego.
Menos mal que me quedáis vosotros. Los únicos, los verdaderos. Sois la razón por la que cogería carretera y manta mil y una veces. Gracias por sostenerme, por recordarme cada día que sí se puede.
Dicen que "cada uno vive lo que le toca" pero estoy más que seguro de que "todo puede cambiar".

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