A mi odiado agosto, que siempre termina abrazándome con sus días interminables y su acalorada locura.
No sé por qué existes, todo sería mejor sin ti. El descanso sería prudente y la rutina de vuelta temerosamente amena.
Te empeñas en querernos a tu forma. Con verbenas en las que redimir nuestros pecados y ferias que se convierten en escaparates andantes.
A mí no me engañas, de sobras sé que estas sobrando.
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