Las ojeras de mi calavera reclaman su tiempo,
dicen que ya están hartas de sostener a los luceros de mi rostro.
Se acuerdan de cuando todo era más puro,
de cuando el único fin era el juego.
Y es que añoran la inocencia,
que se escapa lentamente de entre mis dedos.
La vida es arena y el tiempo...
El tiempo un mero parpadeo.
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