Avísame cuando salgas del bosque,
yo te estaré esperando,
con los ojos un poco más secos
y los brazos quebrados.
Debe de ser complicado convivir
con tanta maleza,
se enreda en tus pensamientos
y sin darte cuenta,
te envenena.
Grita cuando encuentres la salida.
Fuerte, más fuerte...
Así, hasta que se desgarren las cuerdas.
Yo te estaré esperando,
con la ciénaga en mi pecho
y los pies descalzos.
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