Cuando menos lo esperaba,
mi corazón se dio la vuelta.
Con una voz callada me dijo,
el secreto de mis noches morenas.
Los silencios cobraron mis palabras.
Las grietas de mis labios comenzaron a abanicarse.
Había esperado tanto mi sentencia,
que aún la encajo y desencajo,
por si mi ilusión es la que me pone la venda.
Esa que me hace calcularme
y elevarme hasta la doceava potencia.
Tomando a la paciencia de las riendas,
haciéndome vivir en la soledad de tus quimeras.
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