Perdóname si a veces no sé estar a tu altura,
nunca se me ha dado muy bien eso de contar.
Todavía estoy averiguando como cuidar de mi mismo
y en el intento, me tropiezo con la oscuridad.
La oscuridad de una cueva que es mi cuarto,
de una cárcel que son cuatro paredes
y una llave que a veces no me atrevo ni a girar.
Perdóname si a veces no soy fuerte
y me olvido de las cosas que de verdad importan.
Lo anotaré en la agenda de mi pecho,
allí la tinta nunca se borra.
Sigue alumbrándome con tus dudas
que quiero mirarte a los ojos un rato más,
eres la tormenta perfecta para este lobo de mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario